Fecha: 20-11-1997
Autor: Javier Rombouts
Medio: Clarin |
|
ENTREVISTA EXCLUSIVA A GUSTAVO CERATI, EN SU PRIMER DIA COMO EX SODA
En Manhattan terminó de mezclar el disco en vivo de Soda Stereo, que saldrá a fin de mes. Apenas terminó el trabajo -su último aporte a la banda- habló con Clarín del pasado y del futuro.
¿Estás triste?
No, en absoluto. Estoy muy orgulloso de haberlo hecho.
Gustavo Cerati comienza a vivir, según él mismo define, su "primer día como ex Soda Stereo". Y agrega: "Es bastante raro. Pero estaba ansiando este momento". Es Nueva York, es mediodía, es otoño. Falta mucho para que llegue el pasado. Tanto como para que llegue el futuro. Ahora es el momento de almorzar en un restaurante italiano; es el momento en el que un mozo colombiano le impide fumar mientras le acerca un papel para que firme un autógrafo. Cerati no se molesta. Suscribe la servilleta y acepta la veda de tabaco. Parece satisfecho con el porvenir y con el pasado. Por eso disfruta sus pastas del presente.
Acaba de terminar los dos últimos discos de Soda, los trabajos en vivo que incluyen temas de cuatro de los seis recitales de la gira de despedida que hizo la banda y que estarán a la venta a fines de este mes. Tiene importantes propuestas a futuro: grabar en diciembre, en Los Angeles, un tema de The Police en un disco homenaje que se le hará a esa banda. Para la ocasión, contará con el acompañamiento de Andy Summers y Stewart Copeland. Esto es, con las dos terceras partes del power trío tan admirado por Cerati en los comienzos de Soda. Y más: un disco con su grupo made in Chile, Plan V, junto a esos cirujanos radicales de la música electrónica que son los ingleses de Black Dog. Tiene proyectos: formar una banda, escribir canciones, hacer recitales.
Y un bonus track. Porque Cerati, en este mediodía de sol tímido, también parece tener las cuentas saldadas. Quizá por eso, después de un café sin cigarrillo, pueda decir: "Es posible que un día termine cantando No creo en Soda Stereo como John Lennon cantaba de Los Beatles. Lo cierto es que hoy te lo puedo decir: ya no creo en Soda Stereo".
Y cuando la gente te pida los temas de Soda, como a Lennon le pedían los de Los Beatles, ¿los vas a tocar?
No creo. No me gustaría manosearlos. Me gustaría retomar algo de lo que venía haciendo por afuera de Soda. Mi disco Amor Amarillo nunca lo toqué en vivo. No es que ahora lo vaya a hacer. Pero me entroncaría en esa línea. Aunque musicalmente puede que la cosa pase por otro lado. Me gustaría formar una banda. Voy a probar algo mucho más social.
¿Soda Stereo no era algo social?
La verdad es que no puedo abrazar todos estos años de Soda en su magnitud. Fueron tantas experiencias, tantos cambios en la vida de cada uno. En gran parte de estos catorce años hubo un sentimiento unificador. Con el poder suficiente como para sobrellevar todos los cambios vitales que se produjeron. De hecho, la separación tuvo que ver con la imposibilidad de seguir sobrellevando desafíos. En lo humano, la separación tuvo que ver con que el grupo se fue disgregando y perdió cohesión. Cada día disfrutábamos menos. Se había enviciado el ambiente.
Algo así como el fracaso de un divorcio.
Aunque en algunos aspectos parezca un divorcio, no es lo mismo. Uno forma una banda para que dure mientras funcione. No más allá. Cuando formamos Soda no imaginé una banda para toda la vida. Así que no tengo una sensación de fracaso. Hace poco escuchaba a Zeta decir que la disolución del grupo era un fracaso en las relaciones. Yo no lo creo. Nunca pensé que Soda fuese el amor de mi vida.
Cerati dice que quiere ir a escuchar a The Verve, la banda inglesa en conflicto con los Rolling Stones por la autoría del tema Sinfonía agridulce. Su problema es que no tiene entrada y el show está vendido. "Hay que ir y pararse en la puerta a ver qué pasa", dice. Es difícil imaginar a Cerati parado en la puerta de un show, a la espera de un ticket sobrante. Sin embargo, el mismo guitarrista que unos días después, ya de vuelta, será señalado por los remiseros de Ezeiza como "el mejor músico de la Argentina", esa noche tomará el subte y esperará que el azar haga tangible la entrada, hasta ese momento inexistente. Y lo conseguirá. Algo así como pegar un pleno. Claro, no hay que confiarse.
¿Cuánto tiempo de vida le vas a dar a tu nueva banda? Quiero decir, si no conseguís rapidamente el éxito que tuviste con Soda, ¿qué vas a hacer?
Le daré su tiempo. Básicamente, lo que quiero es encontrarme con gente con la que encarar proyectos futuros. Mi intención es de apertura. Incluso, aglutinando gente que no necesariamente tenga que ver con la música. No tengo nombres, sólo tengo esa idea. Quiero componer canciones. Además, tengo un material bastante grande de música incidental que probablemente me sirva como base para futuras canciones.
Tus incursiones con Plan V.
Algo de eso. Lo que pasa es que Plan V surgió de unas improvisaciones de cuatro días que hicimos el año pasado y que terminaron como disco. No fue buscado. Lo hicimos, lo escuché en Buenos Aires y le vi la pata. Pensé que estaba bien como registro. Y no había la menor intención o posibilidad de reiterarlo.
Pero siguieron.
Sí. Es que cuando estuve en Chile, antes de la última gira de Soda, volvimos a juntarnos. Incluso organizamos un show sorpresa. Para nosotros esto tiene más de emocional que de cráneo, a pesar de las máquinas. Hicimos algo muy interesante. Y tenemos una propuesta ahora de Black Dog, un grupo electrónico británico. Ellos son muy respetados por nosotros. Y son realmente fans de Plan V. Por eso, antes de fin de año, vamos a hacer un disco conjunto. Un disco parecido al que hicimos antes; es decir, corto. La idea es que nosotros remezclemos un par de temas de ellos y que ellos remezclen un par de temas nuestros. Este disco se editaría en la Argentina y en Europa. Lo bueno es que detrás de esto no hay giras, ni futuros discos. Si nos volvemos a juntar haremos otro disco o no haremos nada. Es así. Y eso es lo que me gusta.
Lo que está mucho más programado es tu participación en el homenaje a The Police.
Sí, me invitó Copeland. Voy a grabar con él y con Summers un tema que todavía no decidí. Lo seguro es que no será uno de los hits de Police. Voy a grabarlo el mes que viene, en Los Angeles.
En este caso, Cerati no deja nada librado al azar. Por eso, en una de sus incursiones a las disquerías de Nueva York, se comprará algunos discos de The Police. "Estos no los tenía", dirá, solemne. Para de inmediato quitarle gravedad al asunto, para decir, en el límite entre el chiste y el sinceramiento: "Es que vuelve The Police con Cerati en la voz y tengo que estar preparado". Atrás quedaron los días de mezcla de los últimos discos de Soda. Atrás, los seis últimos recitales de la banda. Sobre este tema, el guitarrista no bromea: "El mayor peligro de la gira fuimos nosotros. Teníamos que tener mucho cuidado. Porque, si nos poníamos a pensar que era la última vez que íbamos a hacer tal o cual tema, no lo hubiéramos podido tocar".
Antes decías que el ambiente estaba enviciado. ¿Para qué hicieron una gira de despedida?
Al principio, yo no quería. En realidad, ni siquiera había pensado en la posibilidad de hacer un show final. Era así. Nos separamos. Qué lástima o qué bien. Pero ya estaba. Era para sentir alivio, no para hacer un show. Cualquier cosa me parecía seguir exprimiendo algo que iba a terminar haciéndonos mierda la cabeza. Volvemos al divorcio, pero es así. Porque la separación fue medio tortuosa, hubo discusiones. Hubo facturas que veníamos guardando desde el 85.
Pero igual los hicieron.
Cuando decidimos oficializar la separación, cada uno se tomó su tiempo y finalmente decidimos hacerlo. Dijimos: Si vamos a poner lo mejor, hagámoslo. Y la gente lo justificó. A lo mejor, River musicalmente no fue el mejor. Y el primero de México fue difícil porque no nos conectábamos.
Pero la gente nos apabulló. Y no podíamos ser tan ridículos de no conectarnos. Cuando me di cuenta de eso, disfruté cada show. Todos fueron muy fuertes.
De todos modos, más allá del resultado, se puede pensar que tanto la gira como estos discos en vivo fueron pensados más como un negocio que como otra cosa.
Es un hecho inevitable. Es el último negocio con Soda Stereo. Obviamente, hay un interés de nuestra parte. Así y todo, cuando escuché el material, me sorprendí porque había una sustancia muy importante como para que quedara ahí. Aunque esa era la idea original. Dejarlo y que se editara en algunos años. Pero surgió la posibilidad de hacerlo ahora. No estaba planeado. Lo planeado era grabar los shows. Y quisimos que todo estuviera controlado por nosotros. Aunque fuese la última vez.
Y que si era un negocio que fuera un negocio hecho por ustedes.
Sí. Y que tuviera cierta dignidad. Vos fijate que el espectáculo pudo tener otro carácter. Pudimos tocar sin ninguna infraestructura. Pudimos decir: Lo importante es la emoción. Pero era traicionar el espíritu del grupo. Esto fue una inversión a futuro. Para los tres, Soda es un escalón firme para nuestras carreras. Y no un lugar que contuviera un final vergonzante. Por ejemplo, el show lo filmamos con HBO y rechazamos propuestas económicas muy poderosas de los canales de aire que hubieran ido a filmarlo como si se tratara de un partido de fútbol. Optamos por cierto nivel artístico. No niego que esto también tiene un efecto comercial, pero también reivindico el cuidado con que lo hicimos.
¿La separación no estaba dada con Confort y música para volar?
No pensábamos hacer ese disco. Pero la zanahoria de la gira por los Estados Unidos fue más fuerte. Tocar donde nunca habíamos tocado, en Nueva York, en Chicago, y encima con éxito, fue muy fuerte. Primero habíamos dicho que no íbamos a hacer ningún unplugged. No sabíamos qué iba a pasar en el futuro y ninguno se lo quería preguntar. Y por primera vez no lo sabíamos de verdad. Yo escuchaba frases en las conferencias de prensa que me sorprendían. A Charly diciendo que Soda ya no era lo más importante para nosotros. Y yo pensaba: "La pucha, ¿ya crees eso?" Y estaba bien. No me molestaba. Y empezábamos a sincerarnos y a entender que Soda no iba a estar siempre. No era algo que sólo se me ocurría a mí.
Pero fuiste vos el que decidió el final.
Probablemente si yo no hubiera impulsado el sinceramiento, la cosa hubiera sido distinta. Así como impulse la cosa creativa, también impulsé esta parte. Siempre fui así. Nunca me gustó guardarme las cosas. Y me di cuenta de que había que afrontarlas. En todo caso, habría que decir yo lo vi antes.
¿Fuiste vos o no fuiste vos?
Nosotros nos juntamos un día y en una conversación aparentemente trivial, yo solté lo que venía sintiendo hacía tiempo. Y eso sincronizó con lo que ellos sentían. No es que solté una cosa y todos me miraron como si estuviera loco. Sólo nos dimos cuenta. Cada uno se fue con ese papo en la cabeza. Nos fuimos de vacaciones y empezó la historia de cómo terminábamos. No los convencí, todos estábamos convencidos. Simplemente puse en palabras lo que todos sabíamos de antemano. Tampoco es casualidad que esté yo solo terminando este disco. Es que para mí ya no tenía sentido seguir compartiendo algo con un grupo que no existía.
|
|
|