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Audios
Gran cantidad de entrevistas para escuchar.
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| Cerati toca para oídos atentos |
Fecha: 23-10-1999
Autor: Adriana Franco
Medio: La Nacion |
 Artículo sin Foto
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Recital de Gustavo Cerati, presentando su disco "Bocanada", acompañado por Flavio Etcheto en teclados, guitarra y coros, Leo García en teclados y coros, Fernando Nalé en bajo y Martín Carrizo en batería. En el teatro Gran Rex. Nuevas funciones hoy y el martes.
Nuestra opinión: muy bueno.
La relatividad del tiempo, su lado subjetivo, quedó claramente de manifiesto la noche en que Gustavo Cerati presentó, por primera vez ante un público masivo, su nuevo disco y también su nueva propuesta musical. Los dos años -cronológicos- que han transcurrido desde el recital de despedida de Soda Stereo no han sido lo mismo, definitivamente, para el músico que para la mayoría de su público. Y el desencuentro temporal se notó en varios momentos.
"Río Babel" fue la canción elegida para abrir el show, en un escenario despojado de casi todo y que jamás tomaría el ritmo de locura o video clip. El vértigo fue por otro lado. La intensidad no ha sido la acostumbrada en los recitales de rock, sino una más introspectiva, donde los esquemas habituales estallan.
Tanto en los temas de "Bocanada" como en los pocos que hizo de Soda Stereo, la banda demostró que estaba dispuesta a correr riesgos. Cerati en la guitarra, y ocasionalmente en teclados, estuvo escoltado por Etcheto y García, mientras que Nalé y Carrizo aportaban una base perfecta. El baterista era dos en uno: por momentos, una máquina metronómica y casi perfecta; en otros, aportando pasión o refinadas sutilezas.
Con juguete nuevo
El paso por la música electrónica sacó al ex Soda Stereo del peligro de la repetición y lo puso definitivamente en otro lugar. Como quien descubre no un nuevo juguete, sino un punto distinto desde el que pensar la música y las canciones. Una mirada que se pone de manifiesto no sólo en la estructura misma de los temas, sino incluso en la manera en que es tomada su voz -por momentos como diluyéndose, un instrumento entre muchos otros- y los coros de los otros dos tecladistas.
El piloto automático que a veces condena nuestros oídos a la modorra fue despabilado esa noche. Todos tardaron en reconocer, por ejemplo, "Hombre al agua", uno de los pocos que hizo de la que fue su banda por quince años. La banda nunca permitió dormirse en lo conocido. Reconstruida, trasformada en otra cosa, todos se sorprendieron al encontrarse -toparse- finalmente con la canción allí donde no se la esperaba.
O el escenario adelantaba o la platea atrasaba. Y Cerati acusa recibo de esta situación cuando una buena parte del público intenta varias veces, infructuosamente, seguir con palmas unos ritmos que resultaban más complejos que lo esperado y que requerían una atención diferente.
Por eso, cuando algunos arremeten con un coro que invoca a Soda y el eterno y cómodo sueño del regreso a lo mismo es drástico: "Siempre quedan los discos. Esto es otra cosa".
Mostrando que es, verdaderamente, otra cosa, se queda solo en el escenario para cantar, sobre la grabación de la orquesta de cuerdas que realizó en Londres, el hermoso tema "Verbo carne". Allí parado, pura silueta, deja que su voz se entremezcle con las cuerdas para luego convertir el teatro en una discoteca, con luces que recorren la platea mientras se suman Etcheto y García para una verdadera e interesante jam electrónica.
Máquina musical
Si aquel rock and roll que se bailaba en los cincuenta devino en algún momento en volados sonidos progresivos, la maquinal música de discoteca de estos tiempos se convierte, en las manos de Cerati y su banda, en un viaje hacia nuevos horizontes.
La escenografía elegida estuvo a tono con la propuesta musical. Escenario despojado, con una reminiscencia a los años posteriores a la explosión hippie de los sesenta. Apenas un espejo móvil en un costado y una pantalla en el fondo que mostraba imágenes lentas -durante "Bocanada", mientras el cantante fumaba un cigarrillo, sólo se vio un fósforo consumiéndose en tiempo real- y que luego se convirtió en una gran pecera mientras los telones ondulaban. Y para cada tema, "Aquí y ahora", "Alma", "Paseo inmoral", "Puente", los colores y las imágenes sintonizaban al unísono.
Una noche de pocas palabras -apenas un par de "gracias por venir", tomado de "Puente"- pero de mucha música.
Para quien haya tenido los oídos dispuestos, y haya aceptado el desafío, el recital del jueves se habrá convertido en uno de aquellos que cambian un poco la vida de quien lo haya escuchado.
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