Sábado, 31 de Julio de 2010
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Ecos
Escuchá frases célebres de los recitales.
   Una verdadera fiesta del pop
Fecha: 25-09-2006
Autor: Constanza Bertolini
Medio: La Nacion




Con Gustavo Cerati como artista principal, el festival reunió a 22.000 personas

Después de la lluvia que sólo la sabiduría de Iggy Pop pudo detener la noche anterior, la del sábado fue una fría jornada de primavera en los campos del Pepsi Music. No obstante, las 22 mil personas que se acercaron hasta el Club Ciudad de Buenos Aires para disfrutar del "día pop" que deparaba el menú de música nacional echaron mano de sus bufandas y celebraron, hasta minutos antes de la medianoche, de la velada con mayor convocatoria en lo que lleva transcurrido el festival.

"¡Eh, disculpá! ¿Vos sabés quién toca después de Turf?", preguntaba a través del alambrado un futbolista teen , rockero y amateur de los que poblaban las canchas del mismo club, cuando atardecía. Partido con música en vivo de fondo y, acto seguido -¡y sin ducha de por medio!- directo al campo para escuchar lo último de Cerati... "No está nada mal el plan, ¿no?".

Azafata, Sonotipo, Volador G, Rosal, Leo García y el otro García, Migue (hijo del García por excelencia del rock vernáculo), entre otros, se alternaron en los cuatro escenarios desde las 16. Una suerte de deambular vago por el predio marcaba sus huellas, con menos zonas de pantano que las que se podían esperar después de la tormenta del viernes. Pero, pasadas las 19, los espacios secundarios se llamaron a silencio casi definitivamente -excepto por breves apariciones de nuevas bandas, como Pánico Ramírez y Cuino- y el grupo de Joaquín Levinton monopolizó la oferta sónica desde el escenario principal, intentando contrariar, con una planeada actitud punk, el brillo del día pop.

Sobre el césped, el nombre del ex Soda Stereo ya empezaba a corearse, aun cuando faltaba una hora de repertorio electropop a cargo de Miranda!. Jovencitas en musculosa, mochilas de Hello Kitty y hebillitas con purpurina aceleraban su correteo cuando, tan puntual como todo sucedió en la posta de bandas, el quinteto que conducen Ale Sergi y Juliana Gattas empezó su show. Entonces, los gritos agudos de su audiencia sub 18 se hicieron eco de cada hit melodramático y también del par de versiones de música de telenovelas ("Quereme", "Una lágrima en el teléfono") que grabaron en su reciente EP.

El leitmotiv "Es Miranda! mi amor" en la voz del cantante funcionó como hilo conductor de un segmento del recital que tuvo pulso disco y rindió tributo a los años 80 (si hasta incorporaron a sus temas un pasaje del clásico de A-Ha "Take on Me"), convirtiendo la primera sección del campo en una pista de baile de coreografías ejercitadas.

A las 21.45, cuando el termómetro marcaba once grados -claro que la cercanía del río siempre disminuye la sensación térmica-, Gustavo Cerati hacía su aparición e invitaba a todos a subirse a su viaje. "Ahí vamos", dijo, y, paradójicamente, arrancó su recorrido con un clásico de Soda, "Juego de seducción". Más tarde, volvería a visitar su pasado con Charly Alberti y Zeta Bosio, para traer hasta aquí y con versiones actualizadas de "Toma la ruta" y "Prófugos". Después, sí, se acomodó un sobrio sombrero oscuro y salió de paseo por los temas de su más reciente álbum solista junto a su nueva banda de viejos amigos.

Con una lista de temas similar a la de la presentación debut de Ahí vamos en Buenos Aires -en junio último, en el ex Estadio Obras-, Cerati logró que su noche fuera la más concurrida de las que pasaron ya en la presente edición del Pepsi Music Festival (a Iggy Pop y sus Stooges los vieron 18 mil personas, cuatro mil menos que las que el sábado se congregaron en Núñez). Pero, además, su voz funcionó como un potente imán, que dejó en solitario cada rincón del predio sobre el cual su magia no tuviera alcance.

El rock es mi forma de ser

Recambio generacional mediante -quizá los padres de aquellos fans de Miranda! saltaban ahora-, fueron los de veinte y pico y los de treinta y tantos los que acompasaban con sus cuerpos los duelos de guitarras de "Adiós", "Vuelta por el universo" y "Lago en el cielo".

La guitarra de Coleman (y no la de Lolo, por lo menos esta vez) fue la presencia estelar de la noche. El propio Cerati, con orgullo, presentó en sociedad a Richard -que ya había subido a ese mismo escenario con Los 7 Delfines a la hora de la merienda- y a su otro viejo compañero de aventuras en Fricción, el baterista Fernando Samalea, antes de tocar la versión 2006 de "Ecos".

Un chiste interno sobre el rock chabón, el reconocimiento a sus otros dos secuaces (Leandro Fresco, en teclados, y Fernando Nalé, en el bajo) y el cambio de ropa llegaron con los bises, que inevitablemente incluyeron el coreo extendido de "gracias por venir, gracias por venir" (perteneciente a la canción "Puente", incluida en el álbum Bocanada ).

"Jugo de luna" (tapada por las nubes) señaló la llegada a la meta, con una conclusión latente en la cabeza de todos los presentes. Hacia el final de una jornada pop que sacó a relucir todo el charol de la escena local, quedó en evidencia que otra pulsión pudo más. Y ahí fue Cerati, el responsable, en una faceta que subraya que es rock lo que corre por sus venas, y que la purpurina apenas le salpica el ala del sombrero.
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