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Fecha: 02-02-2003
Autor:
Medio: El Comercio |
 Artículo sin Foto
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Nuevo disco solista del ex líder de Soda Stereo. Largo, denso y
variable, un nuevo trazo maestro
Si lo conocido en "Amor amarillo" y "Bocanada" fue la comprobación de una mente brillante, más allá de los días de Soda Stereo, "Siempre es hoy", lo nuevo de Gustavo Cerati, no se equivoca en seguir el sendero inspirado. Enderezó, además, el tropezón de la aventura sinfónica del 2001. Y no porque los once episodios fueran desechables. Solo demasiados densos.
Cerati logra lo que no muchos: sorprender. Siempre saca algún conejo inesperado del sombrero. En "Siempre es hoy" se muestra impenitente. Con el lujo de rapear en la pista 12, "Altar". Con sus amados enganches electrónicos en varios cortes, entre ellos "Cosas imposibles", "Karaoke" y "Amo dejarte así" y los eventuales arreglos acústicos presentes en "Nací para esto" y "Camuflaje".
Si hubiera una manera de encuadrar este trabajo habría que envolverlo y colocarle la etiqueta pop. Una palabra que ayuda a simplificar el asunto que, en realidad, se muestra mucho más complicado. La cantidad de artificios sonoros, texturas, climas y superficies, lo distinguen -por ejemplo- del "Amor amarillo" que, como buena parte de los primeros esfuerzos solistas, tiende más a mostrar un lado más personal e íntimo.
"Siempre es hoy" alterna gráciles melodías con sutiles disonancias y gotas de oscuridad. Puntos que habitan en el privilegiado cerebro del roquero argentino post Soda. Aunque, valgan verdades, aún hay huellas del legendario trío: "Artefacto" es el temas más 'soda' del ex Soda.
Otra de las características típicas, fijas, en cada creación de Cerati es la espesura. Aquella estela invisible -y muy sonora- que, a manera de filtro, impide el paso de la música a oídos convencionales. ¿O acaso, no cree usted que los bailables himnos pop del primer Soda poco tienen que ver con toda la etapa post "Canción animal"? Es seguro que muchos de los que idolatraron al trío en sus albores tienen hoy severa dificultad de entender las grises coordenadas ceratianas.
Y no solo se trata del asunto tal de las excéntricas sonoridades -esas que tienen la virtud de hacer que el pop siga siendo pop a pesar de rozar frecuentemente con zonas aledañas-, sino también de las gruesas líricas que acompañan los sonidos. Cerati sigue en sus trece: el nuevo disco también requiere agudeza, por parte del oyente, para descifrar entre líneas el objetivo de sus mensajes.
Lo más importante es que esta nueva producción tiene (innegables) méritos: el sello indeleble de su autor, musicalidad diversa, infinidad de matices y, sobre todo canciones muy buenas.
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