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Discografía
Todos los discos junto con la ficha técnica.
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| Con Siempre es Hoy, volvió el mejor Cerati |
Fecha: 07-04-2003
Autor: Laura Araujo (Los Andes)
Medio: Otros |
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El recital de Gustavo Cerati en Mendoza, en el marco de la gira de presentación de su último trabajo discográfico, Siempre es hoy, fue como se esperaba, una sucesión de aciertos. Pero además, los espectadores mendocinos se encontraron con un músico que ha dado algunos pasos adelante, como si la mixtura entre música electrónica y pulso pop que lo motiva desde los últimos años, se hubiera acelerado hacia una identidad más definida, rematada por una energía y actitud rockera que lo devuelven a los mejores momentos de su carrera. Debemos estar agradecidos por el regreso de este Cerati que se desdibujó con el olvidable 11 Episodios Sinfónicos, pensado para colmar la sed “fina” del medio pelo argentino.
La lista incluyó esos temas del pasado que, escondidos en los discos de Soda Stereo y las escapadas solistas del músico, representan lo que mejor ha resistido al paso del tiempo. Así pasaron El Rito (de Signos, en una versión más efectiva que los ambiciosos arreglos de 11 Episodios...), Te llevo para que me lleves (Amor Amarillo) y para la despedida, Colores Santos (del disco ídem, que Cerati grabó con Daniel Melero). La elección de este último, fue una muestra de una tendencia que el ex Soda manejó a lo largo del show. Las protagonistas fueron las canciones y una puesta conceptual que integró coherentemente los diferentes climas.
A las 22.20 arrancó la banda de Cerati, bajo una pantalla con texturas en relieve, donde se proyectaron, en sintonía con los temas interpretados, animaciones en flash. Los músicos aparecieron en escena. Sonaron los acordes de Amo dejarte así hasta que se asomó el divo, con su –ahora eterna- camisa de diseñador, a cuadros. Luego, tres más de Siempre es hoy: No te creo, Artefacto y la celebrada Cosas imposibles -se podría decir que casi repasó entero, su último CD-. Pero el primer clímax se vivió con El Rito. A partir de aquí, algunos se animaron a gritar por la vuelta de Soda Stereo. Cerati no acusó recibo y siguió.
Después de Tu cicatriz en mí, Camuflaje y Engaña (éste, de Bocanada), quedó claro que en los shows de Cerati es difícil lograr un éxtasis colectivo. No se sabe si se lo puede señalar como un dandy frío de movimientos calculados o si es el público el que pide demasiado, malcriado por la cultura de los trapos y la arenga futbolera del rock. En fin, cada espectador tomó como propia una canción de la lista. Por lo tanto, el ánimo varió entre los ritmos dirigidos hacia la pista de baile, que entusiasmaba a unos (la jam electrónica de Casa); canciones confesionales que le crisparon la piel a otros (Vivo, fue sublime) y los tramos nostálgicos para treintañeros que añoran sus días de adolescencia. Para éstos, llegaron las versiones remozadas de Danza Rota (Nada Personal), Secuencia Inicial (Dynamo) y Sobredosis de TV (del debut, Soda Stereo).
Ya en el final, hubo otra sorpresa. Altar tubo su segmento rapeado como ocurre en la versión original. Para eso irrumpió en escena el MC mendocino Metric.
Para los bises, Cerati agradeció la compra de entradas con un magnífico eufemismo: la canción Puente, dedicada a sus seguidores.
Cerca de las 0,15, Especie y Colores Santos, terminaban un show de dos horas, en el que la contundencia de los combos Moscuzza- Nalé y Etcheto-Fresco y, la altura artística de Cerati, renovaron la dignidad de la mejor tradición pop argentina, aquella que comenzaron a imaginar en los ochenta, las “canciones ligeras” de Soda Stereo.
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