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               Entrevistas

Ecos
Escuchá frases célebres de los recitales.
   “Me gustaría mucho pacificarme, pero con todo el rock & roll”
Fecha: 02-03-2007
Autor: Borja Cordeu Illia
Medio: Otros




El exitoso cantante argentino vuelve a la Quinta Vergara y en esta conversación habla del éxito de su nuevo disco, recuerda su experiencia de vida en Chile y la locura que se generó en Viña ’87 con “Soda Stereo”. 20 años no es nada.

Cae el sol, Buenos Aires, humedad, y Gustavo Cerati me recibe en su hermosa casa del bajo Belgrano –blanca, de muros siderales que parecen traspasar el techo– en su mundo, en su intimidad. La tenue llovizna presagia tormentas y un cálido Gus –como le dicen sus amigos– abre la puerta: “¿Te mojaste?”.

Aunque se lo ve muy relajado y con joven energía, Cerati acaba de grabar su nuevo video –“Adiós”– y, como en todo el año, no ha parado de trabajar. Incluso adelanta que está realizando composiciones nuevas y la concreción de un DVD con el material de sus recitales en vivo. Cuesta creer que lleve 25 años montado en la parafernalia de ser un rock star. En jeans y zapatillas oscuras, sobresale su cara de niño con rulos y ojos azules. Atrás quedó aquel momento durante el otoño de 2006 que lo llevó por primera vez a suspender el comienzo de sus conciertos debido a una trombosis en las piernas y que lo obligó a dejar el cigarrillo.

Hace ya una década abandonó “Soda Stereo” en el momento de mayor popularidad para embarcarse en un proyecto propio. Y siempre sorprende su manera de reinventarse: desde su triunfal debut solista con “Bocanada” y el posterior álbum “Siempre es Hoy”, a los experimentos electrónicos como “Roken y Ocio”, la participación como actor en películas y bandas de sonido, o los “Episodios Sinfónicos” que lo llevaron a interpretar sus clásicos en el Teatro Colón. Aunque hubo ofertas millonarias, indagar por la vuelta de “Soda” es como preguntarle por sus ex mujeres, sus amores. Eso pasó, fue. Ahora está hace más de un año con una muy joven y bella colorina, la vestuarista Sofía Medrano, a quien conoció en una producción fotográfica.

Cerati absorbe los aires de cada época, vive siempre el presente y es como si el tiempo no transcurriera en él. A los 47 años encarna a la persona que vive intensamente en busca de nuevos rumbos y se lo percibe alerta, aquí y ahora, porque no tiene mayor complicidad con el pasado. Sin embargo, en su último trabajo, “Ahí Vamos”, recupera lo que musicalmente está en sus raíces: la pasión por el rock & roll y homenajea los sonidos que lo inspiraron desde que comenzó a componer canciones con su guitarrra. Así emprendió una maratónica gira con ya más de 50 conciertos que recién finalizará a mediados de 2007, y que lo traerá a la Quinta Vergara el 23 de febrero, después de 20 años.

Definitivamente, el 2006 marca su consagración como el referente más importante del rock latinoamericano, alzándose con dos Grammy Latinos por mejor álbum de rock vocal y mejor canción, “Crimen”, (y tenemos que agregar el de disco del año que gana Shakira, y del cual Cerati fue productor). Para qué decir en Argentina: arrasó con los premios que otorga el público y la prensa local.

Ya en el jardín, en ese atardecer de verano donde sólo los pájaros rompen el silencio, comienza la conversación con un Gustavo Cerati muy distendido que, como en las letras de sus canciones, disfruta del ritmo en su manera de hablar, y hasta cuando trata temas que lo movilizan no esconde para nada su agudeza. Así se nos revela un Cerati, el “niño bien” del rock argentino, mucho menos hermético que el que conocemos en el escenario con su público. Todo lo profundo ama el disfraz.


“En Viña todo puede pasar”


–Vuelves al Festival de Viña después de 20 años. ¿Qué recuerdos tienes y qué significación tuvo en tu carrera?
–Fue una verdadera locura cuando “Soda Stereo” estuvo tocando en Viña del Mar y Chile era el primer país que visitábamos fuera de Argentina, y la verdad es que “Soda Stereo” de alguna manera explotó y fue un verdadero boom. Recuerdo que el público nos otorgó la famosa antorcha y yo, no muy acostumbrado a recibir premios, la olvidé arriba en el escenario y después aparecí agachado a buscarla. No me olvido más de esa situación. No me olvido más del asedio de la prensa que fue una verdadera locura, se metieron en mi habitación con unas periodistas disfrazadas de mucamas.

–En el Festival de Viña todo puede pasar…
–Todo puede pasar. Por lo menos en esa época estaba como muy arriba todo eso. No teníamos casi ni idea de qué significaba el festival, pensábamos que estaba más en la línea de San Remo, de cosas melódicas, jamás imaginamos que había espacio para lo que nosotros hacíamos. Pero probamos y resultó. Además, fue una edición donde hubo muchísimos periodistas de todas partes de Latinoamérica, así que sirvió como una diseminación de la popularidad del grupo, por lo que no podemos desconocer su importancia.

–¿Qué músicos chilenos te interesan últimamente? En el festival van a estar “Los Tres”, ¿te gustan?
–Estuvimos haciendo una gira juntos y fue muy bueno. Son realmente excelentes, Alvaro (Henríquez) es un gran compositor y cantante. Y todos ellos me parecieron personas con las cuales me encantó girar y fue buenísimo compartir eso, los respeto mucho.

–¿Qué es lo que más extrañas de vivir en Chile?
–Disfruté muchísimo mi año y tanto que estuve viviendo en Chile. Escapé un poco de la locura de Buenos Aires y Santiago en ese momento era muchísimo más tranquilo. El approach que te hace la gente es mucho más respetuoso y sentí siempre muchísimo cariño. Fue muy lindo también que se gestara mi hijo ahí, y acompañar todo ese proceso. “Amor amarillo” es un disco resultante un poco de toda mi experiencia en aquel tiempo. Digamos que yo llegué a tener muy buena sustancia con el hecho de vivir en Chile, y fue la única vez en mi vida que viví en otro lugar que no fuera Buenos Aires.

–Fuiste también precursor en casarte con una chilena…
–Fui precursor en casarme con una Cecilia (se ríe).

–Y ahora, cuando hace años que no vives en Chile, ¿cómo ves que se haya podido elegir una mujer como Presidente?
–Me parece fantástico. Siento que hay una cosa aparentemente incongruente en Chile. Pueden hacer cosas a veces de mucha vanguardia e incluso me imagino que en los años 60 había un pensamiento muchísimo más liberal incluso de lo que podía existir en Argentina. Fíjate lo que fue Allende, fue realmente un intento vanguardista. No funcionó en muchos aspectos, produjo todo lo que produjo, pero fue una cosa que a lo mejor en Argentina ni siquiera hubiéramos tenido la valentía de hacer. Me parece fantástico que sea una mujer la que esté ahí. No garantiza nada, miremos a Thatcher... Pero me parece que este caso se lo ve también como un intento de dar espacio a esa sensibilidad de la mujer para manejar las cosas.

–¿Te parece que en Argentina se puede dar?
–Eso es lo que te quería decir. Curiosamente acá parecemos ser más liberales, pero no sé si tal cosa podría ocurrir. Aunque Cristina (Kirchner) parece que viene con todo…

–Volviendo a tu familia, tu hijo Benito colaboró en “Adiós”, que es tu último corte.
–Benito ayudó con las letras de todo el disco porque estaba presente cuando las estaba haciendo. Es un chico súper sensible que viene haciendo música desde que era pequeño. Más allá que se dedique o no a esto, tiene una pluma re afilada, escribe letras fantásticas y hubo aportes de él en muchos aspectos, pero particularmente en esta canción le pedí que escribiera.

–Después de la separación de Cecilia Amenábar, ¿cambió la relación con Benito y tu hija Lisa?
–De alguna manera sí, porque me acercó a ellos. La calidad de los encuentros se puso más importante, dado que es menor la cantidad. Pero por suerte lo tomaron muy bien dentro de lo que una separación puede representar como una cosa así de traumática.

–¿Te costó mucho superarlo?
–Siempre cuesta. No me costó tanto superar la separación, sino emprender un nuevo camino en la relación con Cecilia, pero por suerte nunca trasladamos la cuestión a los hijos para que no se sintieran culpables. Aunque está siendo una cosa bastante normal que las relaciones tomen otros caminos, con hijos se debe ser más cuidadoso y buscar sobre todo su bienestar antes que cualquier cosa. Creo que, de alguna manera, más tortuosamente y más fácilmente, lo hemos logrado o estamos lográndolo.

–En “Lago en el Cielo” dices “a veces no puedo con la soledad/vamos despacio para encontrarnos/el tiempo es arena en mis manos”. ¿Es la canción que describió más cabalmente tu estado emocional a la hora de componer?
–Todas son autobiográficas. Lo que pasa es que están todas corridas de tiempo y de lugar y no todas alimentadas únicamente por mi experiencia. Son espacios de imaginación donde evidentemente no puedo negar lo que me está pasando. “Lago en el Cielo” es un tema esperanzador desde el punto de vista anímico, emocional, en cuanto al amor y en cuanto a lo que uno espera, y me gusta escribir sobre ese tipo de cosas. Probablemente lo hice en ese momento muy cargado de eso, pero no creo que sea más personal que otro.

–¿Estás en pareja?
–Ahora sí, sí, estoy bien, estoy bien.

–¿Les cuesta a las chicas estar contigo?
–Sí, viste, me la paso viajando, no es fácil estar conmigo.


“No enarbolo”


–En una de las primeras entrevistas que diste este año dijiste: “Descreo del artista que utiliza la honestidad”.
–Lo que quiero decir con eso es que no es fundamental para un artista, digamos, hacer gala de su honestidad como ser humano. Hay gente que escribe sobre los problemas sociales y está llenándose de dinero. Muchos grupos de rock defienden el lugar de la marginalidad y el salir a pelear por derechos, y son hipócritas porque sólo intentan lucrar con eso y en realidad te encuentras con que hacen las cosas peor que cualquiera.

–¿Qué te parece Bono como paradigma?
–Bono tiene buenas intenciones, quizás tiene demasiadas intenciones. Como que uno dice: “Bueno, pará un poco”. Pero es un personaje querible. Creo que él busca un bienestar y que a veces puede estar equivocado en las formas y se ubica en lugares que uno dice, bueno, no tengo ganas de verlo tanto. Pero tengo respeto por lo que hace.

–¿Te inspiras más cuando te abstraes de la realidad o no?
–Sí, pero también tengo que tener una conexión con la realidad.

–A “Me Quedo Aquí” y “Bomba de Tiempo” las rodea el áurea apocalíptica de nuestro tiempo.
–“Me Quedo Aquí” es la representación de lo que pasó con ese tsunami de Indonesia y la sensación que tuve era que esas palabras eran equivalentes emocionalmente para todos. Sentí además que en ese año, particularmente, se movieron muchas cosas y me puse en la piel de aquel que estaba en New Orleans o acá en Santa Fe: le llega el agua y se queda ahí porque adónde va a ir. O sea, es esa relación con la tierra. “Bomba de Tiempo” es re apocalíptica, es ¡trágame tierra! Y la verdad es que creo que el tema ecológico está siendo acuciante ahora en serio.

–¿Te comprometes a trabajar con organizaciones como Green Peace?
–Sí, hice cosas con ellos y a mí manera estoy atento a eso y tratando de no contribuir a ensuciar más el mundo. Pero no enarbolo.

–¿Qué balance haces de la gira que te llevó a sala llena por América y Europa? Incluso tocaste por primera vez en Londres…
–Y, superó ampliamente las expectativas. La verdad que las tenía ya cuando estaba grabando el disco “Ahí Vamos”, que empuja a tocarlo en vivo por su naturaleza sonora, más rockera. Las cosas se han dado mucho mejor de lo esperado y he tocado muchísimo, prácticamente mucho más que en todos estos años. He comprobado que, a veces, aunque toque en lugares muy pequeños, las energías se renuevan. En el caso de Londres fue realmente muy exitoso, y aparte del latinoamericano, ha aumentado muchísimo el porcentaje de público local en Estados Unidos y Europa.

–¿Sigues disfrutando de la vorágine de un tour tan largo?
–Me encanta ir de gira, lo disfrutamos mucho. Es muy divertido tocar con los músicos con los que toco, lo pasamos increíble y nos vamos adhriendo como el polvo. Es más, me cuesta mucho saber qué hacer cuando no estoy de gira.

–En este disco hay una necesidad de volver a las guitarras, a lo más primario.
–Quizás tuve que recuperar un poco las ganas de hacerlo. Si uno lo ve con cierta perspectiva, hay una progresión hacia un sonido más despojado y más directo. Me parecía que llegó el momento de hacer esto acá, pero no quiere decir que sea una línea que piense seguir. En todos los discos me propongo algo.

–¿Condiciona a tus trabajos que la crítica y el público te asocien a las nuevas tendencias?
–Sí, tampoco me quiero hacer cargo de una vanguardia que no soy. Me gusta escuchar cosas nuevas y me interesa el dinamismo que ofrece la música como cultura. Creo que soy una persona que vive contemporáneamente, no estoy pensando en qué vendrá. Lo que pasa es que, en relación a otros artistas, parece que lo mío fuera más vanguardista, pero no es nada más que eso.

–Con los dos Grammy que acabas de ganar, ¿sientes que con este disco la crítica reconoce por fin tu trabajo como solista?
–Como te dije antes, no estoy acostumbrado a recibir premios, a pesar de que he recibido varios. Me parece que con este disco se concretó, tanto para el mundo popular como para la industria, la idea de que soy solista. Un tema como “Crimen” –que la verdad yo lo quería dejar afuera porque lo veía extremadamente clásico para lo que proponía el disco– pegó desde el punto de vista masivo más que cualquier otro que haya hecho aparentemente en otras ocasiones. Y digo aparentemente porque en realidad para mí es como cosechar lo que he sembrado en todos estos años. Muchos a lo mejor piensan que porque yo prefiero hacer música más alternativa y no tan masiva, eso necesariamente es un fracaso. Para nada. Yo me siento más exitoso que nunca y no con este disco solamente, con todo lo que vengo haciendo. No estoy persiguiendo el éxito masivo sí o sí a costa de lo que sea, yo sigo haciendo la música que a mí me gusta y en ese aspecto no puedo transar. Puedo hacer cosas más clásicas o más osadas, pero después de todo soy un artista pop.

–A veces te colocan en ese lugar como para bastardearte…
–Lo que pasa es que claro, parece que la palabra pop está bastardeada. Hay muchos que realmente se han encargado de bastardearla, pero pop es Andy Warhol. La idea empezó ahí, tomamos cosas cotidianas y las llevamos a niveles artísticos. Y yo tengo una cultura de rock, pero toda mi vida me mamé a los “Beatles” y canciones que tienen que ver con el pop, así que hay ambas cosas.

–¿Qué piensas de la consagración mundial de Shakira? En uno de los agradecimientos en los Grammy se refirió a ti como “maestro”. ¿Cómo fue trabajar con ella?
–Estuvo bueno. La verdad es que no sabía con qué me iba a encontrar, simplemente ella me convocó para que escuchara las canciones y ver si me interesaba trabajar en alguna. Me expresó su admiración por todo lo que yo hacía y me dijo que hacía tiempo que quería trabajar conmigo. Elegí una canción que fue “No” y es realmente la que más me gusta de todas las que hizo. Me puse a trabajar en esa canción y nos gustó tanto lo que estaba pasando que empezamos a hacer otra. Pero fui también como una especie de asesor de producción en los dos discos, castellano e inglés. Siento que ella se apoyó mucho en mi opinión y en lo que podía sugerirle. Y la verdad es que le agradezco haber trabajado con ella de una forma muy relajada. Es una persona con mucho tesón y definitivamente trabaja con una energía que es impresionante. Y bueno, poder poner mi granito ahí funcionó.

–¿Qué hay del Gustavo del ’87, el de los raros peinados nuevos?, ¿qué sigue siendo inamovible en ti y en qué consideras que cambiaste?
–(Piensa un rato). Bueno, no estoy tan flaco como en esa época, no estoy dispuesto a ponerme tantas basuras en el pelo y todavía, por lo menos, me queda pelo (risas). Qué sé yo, con todo lo que le di, uno hubiera imaginado que ya no, pero todavía me queda. Esencialmente uno no cambia tanto, pero la intención es también de cambiar, uno tiene que estar moviéndose. Y soy, la verdad, cero nostálgico. Quizás más adelante, con la vejez, pueda ser que empiece a recapitular más y se te vengan más las memorias encima. Pero, realmente, yo vivo muy así como en el today, en lo que está pasando o intento hacerlo así también. Los problemas para mí tienen que ver con cuando uno se va de los tiempos, cuando uno está demasiado mirando para atrás o para adelante. Realmente, te diría que eso es una enseñanza casi oriental que me ha llegado y que trato de incorporar. Y creo que, esencialmente, no he cambiado mucho. Naturalmente soy mucho menos inocente porque ha pasado mucha agua debajo del puente y he aprendido muchas cosas. Probablemente hay varios errores que no volvería a cometer, pero hay un montón que sí (se ríe).

–¿Qué errores artísticos no volverías a cometer?
–Artísticamente yo me encuentro siempre con la hoja en blanco. Como que tengo que volver a escribir todo de vuelta, y es una prueba muy grande para mí, soy muy autocrítico. No me duermo en el laurel de lo que ya hice, necesito superar algo, lo haga o no.

–¿Tienes alguna meta a la cual no llegaste todavía?
–Me gustaría mucho pacificarme. He hecho muchas cosas, me siento muy orgulloso de todo lo que me ocurre y de lo que ha venido ocurriendo, y lo que siento es que uno debe hacer cosas por encontrar más paz interior, que es algo que me falta. Esa es una meta importante en mi vida en este momento, pero bueno, rodeado de todo el rock & roll, ¡eso no lo quiero perder!




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