|
|
Ecos
Escuchá frases célebres de los recitales.
|
Fecha: 18-09-1997
Autor: Felipe León
Medio: La Nacion |
 Artículo sin Foto
|
La banda realizó su úlltimo concierto en el Estadio Nacional de Santiago. El sábado se despedirá del público argentino en River
Los chilenos tienen bastantes cosas de que ocuparse por estos días. La huelga iniciada por los jugadores de fútbol los dejó huérfanos de su deporte más popular. De hecho , es el tema que más les preocupa, ya que los coletazos producidos por el nuevo aniversario del golpe, llevado adelante por Pinochet el 11 de septiembre de 1973, no contienen la misma carga de dramatismo de años anteriores. Entre tanto, los canales de televisión intercalan en su programación los films " Subí que te llevo" con Sandro, "Alerta máxima II", con Steven Segal, y especiales de Soda Stereo, preanunciando el concierto de esa misma noche. Un show que, antes que se produzca, ya es el segundo evento artístico más convocante en la historia trasandina, después del concierto que Silvio Rodríguez realizara en los tiempos de la primavera democrática chilena. En tren de realizar comparaciones, digamos que ni los mismos Rolling Stones ni los Guns N´ Roses, lograron reunir a las 75 mil personas que esa misma noche, reventarán el mismísimo Estadio Nacional para ver a Soda.
Después de tocar en México y Venezuela, los músicos se instalaron en Santiago, donde juegan de locales por ser considerados como los Beatles latinos.
La interna de la banda se hace más que patente en la capital chilena. Desde el principio queda claro que no habrá momento para retratar a los tres juntos. En parte porque la imagen de la banda siempre fue manejada por ellos mismos y porque, además, resulta imposible, a estas alturas, juntar a Charly con Gustavo. En una entrevista realizada por la señal de cable La Red a Andrea Alvarez (antigua percusionista de la banda) revela: "Charly es el polo opuesto a Gustavo. Es el más chico de los tres y es un infantil constante".
Sodamanía
Faltan diez horas para el concierto , y las radios no dejan de bombardear con detalles sobre el concierto. Lo que más llama la atención, es la manera en que los periodistas insisten con el tema de la seguridad. A cada momento recalcan que habrá más de 1000 carabineros, perros, carros de asalto y helicópteros, como si el concierto, más que un hecho artístico, fuera una reunión tendiente a alterar el orden, la moral y las buenas costumbres. El jefe de seguridad, José Joaquín Paredes, anuncia que habrá 8 cámaras de televisión para velar por la seguridad y revela una primicia: "Esta noche vamos a estrenar una cámara delatora. Se trata de un dispositivo especial para seguir de cerca a cualquier persona que provoque desmanes".
A las 11.40 del sábado, más de 2000 personas se reúnen a las puertas del estadio. Las entradas que se pusieron a la venta, con dos meses de anticipación, se encuentran totalmente agotadas.
Los preparativos
A las 20, en el hotel Sonesta comienza un movimiento nervioso. Cinco combis esperan a los músicos y a los asistentes. El primero en aparecer es Charly Aberti. Antes de partir al estadio, el baterista dialogó con Víalibre. "A nivel sensaciones es muy extraño -dice-, aunque no trato de tomar mucha conciencia. En el primer concierto nos acomodamos, en el segundo tomé noción de lo que estaba pasando, y en el de hoy estoy tratando de hacer un switch. Todo esto lo estamos haciendo para compartir un buen momento. No creo que el lado de la lágrima sea el correcto. Quiero que los shows sean una fiesta y no un velorio".
-¿La separación de la banda es consecuencia de una pelea o de un distanciamiento?
-En realidad no nos peleamos, sino que no pensamos de la misma manera. Esto provocó que el océano que hay en nosotros se hiciera más grande. Y además, es el momento de encarar proyectos personales. Necesitábamos separarnos para darnos cuenta de que llegó el momento de hacer nuestras cosas solos.
-El océano al que hacés referencia, ¿es más grande entre vos y Gustavo?
- Es grande. Cada uno tiene distintos puntos de vista de distintas cosas. Un periodista mexicano reprodujo mal una frase de Gustavo, como dando a entender que él y Zeta, iban a volver a tocar. Eso no existe. Soda Stereo somos los tres y nos separamos los tres.
Mientras Charly Alberti revela que el concierto que la banda realizará el próximo sábado en River, será transmitido por Internet a través de www. soda stereo. com, el clima en el lobby del hotel llega a su punto más alto. Mientras algunos fans que no consiguieron entradas esperan en la calle, desde el ascensor emerge la figura de Zeta que es el primero en subir a la combi. Detrás de él aparece Cerati, registrando la escena con una cámara digital de mano que luego utilizará en el concierto. Y, posteriormente, sube Charly.
La caravana arranca a las 21. Las cinco camionetas recorren las calles de Santiago sin respetar semáforos ni sendas peatonales. Una camioneta, que no forma parte de la columna, se cruza peligrosamente, pero una hábil maniobra del conductor evita un accidente. La entrada en el estadio se realiza por un camino de tierra. A las 21.45, los Soda ingresan por última vez en el Estadio Nacional de Chile.
A las diez y diez de la noche, el trío se trepa al escenario ante el delirio de 75 mil almas que cubren la totalidad del estadio. En las tribunas no cabe un alfiler, y en el campo de juego no hay espacio para moverse. Salvo, claro está, una adolescente que se empeña en bailar al lado de este cronista, que recibe insistentemente codazos y pisotones.
Por ahí, perdidos entre la multitud , unos quinientos mendocinos se esparcen por el terreno de juego y un chico de Buenos Aires, muestra una bandera argentina muy cerca del arco donde el Piojo López obtuvo, de cabeza, la clasificación de la Argentina para Francia 98.
Precisamente, esa rivalidad se hace más evidente cuando el público empieza a silbar, en el momento en que Gustavo Cerati dice en "Ciudad de la furia":"Buenos Aires se ve tan susceptible". El gigantesco escenario luce imponente cubierto por telas blancas que reflejan los efectos lumínicos y un video que resume los 14 años de la banda. Así comienza un show que se extenderá durante dos horas y media y contendrá 30 canciones.
El repertorio
Después de la "Ciudad de la furia", la banda arremete con "El rito", "Hombre al agua", "El séptimo día", "Canción animal", momento en que la gente, ubicada en las tribunas más alejadas, pide a los gritos que suban el volumen. Allí quedan en claro los problemas de sonido.
La baja temperatura que no supera los tres grados, no se hace sentir cuando el trío arranca con "Juegos de seducción", "Corazón delator", "Mañana es mejor" y "La cúpula". Súbitamente, los músicos desaparecen del escenario, quedando sólo Gustavo Cerati con una guitarra acústica para interpretar un nuevo y muy logrado arreglo de "Signos".
Mezclando temas de distintas épocas de la banda, le llega el turno a las canciones de "Comfort y música para volar". Después de "Zoom", la gente comienza a festejar y Cerati, cámara digital en mano, congela la escena: "Disculpen este momento egocéntrico -dice-. Pero tenía que filmarlos... Nos gustaría abrazarlos a todos...".
Con la presencia de los multinstrumentistas Alex Krygier y Alejandro Terán, y la siempre firme y eficaz tarea de Tweety González, los músicos arremeten con "Ella usó mi cabeza como un revólver", "Disco eterno", "Planeador " y algunos temas de "Dynamo".
El final se anuncia con una seguidilla formada por "Sobredosis de TV", "Cuando pase el temblor", "Persiana americana", "Un millón de años luz" y el último bis con "Primavera cero".
A esta altura, el estadio es una caldera, y el cemento parece moverse como si fuera un terremoto a gran escala. Mientras Charly cumple con su ritual de arrojar los palillos al público, Zeta se entretiene salpicando a la gente con el champagne que brota de una gigantesca botella. Cerati parece más medido, aunque a lo largo de su interpretación pudo descargar adrenalina con salvajes solos de guitarra.
En camarines
Debajo de una las tribunas laterales, músicos, amigos, asistentes y periodistas se reparten los saludos de rigor. Tras una puerta, custodiada por tres gigantescas moles humanas, se encuentran las estrellas de la noche.
Zeta, muy distentido y sumamente contento se predispone de buena gana al diálogo con Víalibre.
-¿Con la despedida de Soda, se puede decir que es el final de una década?.
-Hum... No me gusta enterrar a los muertos. Creo que se trata de una fiesta y hay que tomarla tal como es. Creo que agotamos nuestra situación interna y revelamos que, a pesar de eso, la banda tenía más cosas para dar.
-¿Como cuáles?
-Fijate que, durante el show, hicimos temas viejos y hay material de sobra para reinventarnos. Pero todo tiene un ciclo, y creo que cada uno de nosotros debe hacer uso de sus propias alas para proyectarse indivualmente.
Más allá, y en el mismo recinto, Cerati se encuentra apoyado contra una pared y su discurso refleja una serie de emociones encontradas.
No puedo intelectualizar lo que pasa todavía. Creo que no debemos dramatizar y enfocar el hecho musical que, de por sí, fue muy vibrante para mí.
-Si tendrías que llevarte algún recuerdo de la banda ¿cuál sería el más preciado?
-El manejo de la energía. Hay pocos grupos como el nuestro y eso me provoca un orgullo muy grande. No paramos durante 15 años y considero que la banda satisfizo nuestras propias necesidades. Somos fans de nosotros mismos.
-¿Qué aprendieron en estos 15 años?
-Primero aprendimos a tocar, después a conectarnos con la gente y creo que hoy, aprendimos a despedirnos.
Con casi 50 mil entradas vendidas, Soda Stéreo se prepara para iniciar su último concierto el próximo sábado a partir de las 22 en el estadio de River, lugar donde tocarán por primera vez en su historia. Para la ocasión, y debido a algunos inconvenientes que tuvieron con el sonido durante la gira, contratarán equipamiento en Brasil. Los destinos de los músicos parecen estar definidos. Alberti seguirá con su empresa de computación, el bajista Zeta Bosio producirá nuevas bandas, mientras que el líder, Gustavo Cerati, editará su segundo disco solista, después de "Amor amarillo", editado en el 93. En el camino quedan 14 años en los que Soda Stéreo se convirtió en la reina del pop latinoamericano.
Felipe León
(Enviado especial a Santiago, Chile)
|
|
|