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Haciendo ImagenAnimal
Paso a paso, como fue que hicimos este site.
   Con soda siempre estamos a punto de juntarnos
Fecha: 09-04-2006
Autor: Mariano Petrucci
Medio: Revista Nueva










Zeta Bosio se reinventó como productor, fundó su propio sello discográfico y, en los últimos meses, recorrió Europa en busca de los mejores festivales de música. Mientras cuenta los entretelones del programa que conduce, deja la puerta abierta al regreso de la banda de culto.

ZETA…
… conduce Rock Road (MuchMusic) y ya está programando la segunda parte.
…comparte sus días junto a su mujer Silvina y sus hijos Simón, Juan Bautista y Jaime.
… aprendió a tocar el bajo punteando “arriba” de los discos.
… era fanático de la natación y el remo. Eso originó su apodo. Le decían “cetáceo”. La letra z es por su fama de impuntual.
… avisora como bandas que pisarán fuerte a Pinker Tones y Muchachito Bombo Infierno.
… opina de los realities musicales: “El primero fue buenísimo y eso justificó que salieran 18 que no fueron iguales. Es un programa de televisión, está hecho para hacer dinero. Los chicos entienden que no hay un negocio tan claro para ellos ahí”.


Los primeros minutos del 21 de septiembre de 1997 marcaron un antes y un después en la vida de Zeta Bosio. En ese instante, escuchó cómo Gustavo Cerati gritaba el ya afamado “¡Gracias totales!” y Soda Stereo pasaba a ser una leyenda viva dentro de la música latinoamericana. Fue el último concierto del grupo, uno de los que revolucionaron el rock-pop argentino durante las décadas del ‘80 y ‘90.
En aquel entonces, seguramente Héctor Pedro Juan Bosio se habrá preguntado si hay vida después de semejante furor. Con los años se contestó que sí y se volcó a la dirección y producción artística de bandas del under. Para darle un matiz de seriedad al asunto, en 2002, creó su propio sello discográfico. Y ahora, después de visitar los festivales más importantes de Europa, se inicia en la conducción televisiva. Para Rock Road (así se llama el programa), Zeta recorrió, en dos meses, siete países y 15 mil kilómetros. Todo un aventurero.
“Soy bastante inquieto, ya lo era cuando empecé a trabajar con bandas chicas, allá por los ‘90”, adelanta el bajista mientras se acomoda en un sillón del estudio que tiene a medio construir (irónicamente, en una ex fábrica de soda). Es que después de 15 años de giras y conciertos, Zeta se bajó de los escenarios y le encontró el gustito a estar detrás de escena.
“Arranqué con muy pocos recursos; un solo equipo de guitarra y roto. Trabajaba de 12 de la noche a 8 de la mañana. Me gusta la mística de hacer con poco pero poner mucho. Lo que hace falta, además de plata, es un plan de trabajo, no es tan fácil”, razona quien, a pesar de sus 46 años, conserva esa adolescente esencia amateur.
–¿Sentiste que era necesario rescatar grupos del under?
–Sí y lo necesario también puede ser un buen negocio. No es sólo altruismo. Trabajar con chicos me viene del lado de la pasión, una cuestión pedagógica. El contacto con ellos me nutre mucho. Y también fue una manera de dibujar mi identidad post Soda. Después de un grupo tan fuerte, quedás muy signado. Te puede paralizar. A mí no me motivó a armar otra banda, me surgió empezar a rodearme de músicos de esta forma.
–¿Cómo analizás el tándem juventud-música?
–Mirá, hay buenos músicos y cada vez se acercan de manera más espontánea. Eso es tan bueno como malo, porque se atomiza y cuesta más encontrar. Hay mucha propuesta y no toda tiene la intensidad y la profundidad artística que deberían. Igual, algunas disoluciones decantan solas, como el hecho de mantener una banda unida. Un amigo me dijo: “Música es el arte de combinar los horarios”. El camino de un artista es duro, pero único. Nadie cruza el río por vos. Si ahorrás camino, no lo valorás.
–Con tu productora querés lograr un recambio generacional en el rock. ¿Por qué?
–Porque, por ejemplo, hoy no hay una banda argentina internacional. Se llega a ser un fenómeno local y punto. Al rock le está faltando esa proyección que tuvimos y se perdió. Las compañías no le encontraron la vuelta a formar grandes grupos. En el caso de Soda, fue importante el respaldo de las discográficas, pero dentro de esa estructura tomábamos nuestras decisiones, nos autoproducíamos, decíamos a dónde dirigir el próximo disco. Teníamos una brújula y un instinto artístico que nos daba cierta cuota de independencia. Cuando los grupos independientes nos criticaban, les decía: “No hay nada mejor que ser independiente dentro de una compañía grande”.

La gran Europa
Por estos días, Roack Road acapara toda la atención de Zeta. Recuerda anécdotas, las entrevistas que mantuvo con los músicos y explica detalladamente que el programa está filmado en formato documental. Sus estudios de cine y fotografía no fueron en vano. “Me gustan mucho los medios; la música lo es, al transmitir algo que es tan mágico. La TV tiene otros códigos, es más violenta, pero es muy fuerte lo que conseguís en cuanto a comunicación. Lo ejercitábamos con Gustavo (Cerati) cuando hacíamos los videos o teníamos una puesta en escena. Manejar la iluminación, preparar el momento, probar colores. Trabajar con el ojo de la gente. Con el programa pude despuntar el vicio”.
–Contame la experiencia del viaje
–Resultó una aventura, sentir ese espíritu de libertad al transitar la ruta en camioneta y descubrir en cada concierto nuevos nombres y bandas. Apuntamos a un target de gente que está buscando música y lo que hacemos es tirar una punta. Mostrar lo que no se está difundiendo. Creo que hay dos tipos de público. Los que están acostumbrados a que los medios le digan lo que tienen que consumir y quienes están a la expectativa de lo que se viene.
–Sonar de Barcelona, Now de Berlín, Fete d´ la Musique en París, Wireless de Londres y la lista sigue. ¿Cómo viviste estos shows tan espectaculares?
–A pleno. Conocí lugares y festivales a los que jámas habría ido. Y se organizan en cada verano, desde hace casi 25, 30 años. En un par de años van a ser tan viejos como cualquier monumento histórico (risas). ¡Y no los conocemos! Yo te digo el Roskilde de Copenague o el Paleo de Suiza y vos seguramente no escuchaste nada.
–¿Qué diferencias encontraste entre un destino y otro?
–Hay que ver el programa… pero te puedo adelantar que los nórdicos, la gente de Dinamarca, aún conservan esa cosa ancestral, casi de nómade. Lo observás en cómo se comunican, cómo se encuentran. Se identificaban con banderas e insignias ¡como si fuese una cruzada medieval! El sol cae y todas las banderas flamean, es inolvidable.
–Y vos en medio de la locura…
–Sí, en Rock Road vivo la historia como protagonista. Pero la excitación y la intensidad era tanta que no me importaba dormir cuatro horas, viajar 10 e ir directamente a los festivales. Había que rescatar la mayor información posible en los 3 ó 4 días que estábamos en cada lugar. Viajábamos en una camioneta blanca para ocho personas. En Barcelona la hicimos pintar porque parecía una ambulancia (risas). Fue una especie de Gran Hermano, ninguno de los que estuvo ahí volvió a ser el mismo (risas). No había cama ni baño decente, pero estábamos motivados porque tal noche tocaba Audioslave y cerraba Black Sabbath. Vos querés llegar, no importa que no entiendas un pomo los carteles, el cansancio ni nada.

Tomarlo con soda
Estar tanto tiempo del otro lado del mostrador, le significó a Zeta dejar un poco de lado su faceta musical. La realidad es que su bajo cada vez suena menos. En alguna ocasión, mencionó que “el que no toca se muere” y le preguntamos si el productor terminó con el músico. “Al músico lo tengo un poco dormido, es cierto, pero estoy tocando de vuelta. Cada tanto me agarran las ganas de armar un grupo, de jugar de vuelta”.
–Produjiste heavy metal, reggae, tango, tango electrónico, entre otros. ¿Qué estilo te identifica hoy?
–Es verdad, me abrí a diferentes músicas. ¡Justamente quiero armar un grupo para encontrar qué es lo que más me identifica! (risas).
–¿No extrañás las épocas con Soda?
–Extraño el escenario, un lugar en el mundo que no practico desde hace años. Y eso no hace bien.
–Siempre está el rumor de que vuelven. ¿Se reduce sólo a eso o existe la posibilidad?
–Las dos cosas. Son simples rumores y siempre estamos a punto de juntarnos.

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